UNIÓN EUROPEA (Pulso) — La Comisión Europea elevó este miércoles la presión sobre China. Bruselas dijo que está dispuesta a usar «todas las herramientas disponibles» para reducir el déficit comercial y proteger su industria.
Ursula von der Leyen afirmó que el déficit de bienes con Beijing alcanzó los «1.000 millones de euros diarios». También habló de un «punto de inflexión» en la relación comercial.
La presidente de la Comisión Europea dijo que el aumento de las importaciones chinas ya afecta a comunidades y fábricas del bloque. Sostuvo que también contribuye a la desindustrialización de regiones con tradición manufacturera.
Las negociaciones están a cargo de Maros Sefcovic. El comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica fijó octubre como plazo para lograr resultados tangibles.
Los datos citados en el informe muestran que las exportaciones chinas a la Unión Europea crecieron 6,6% interanual en agosto. En julio, el alza había sido de 16%.
China mantuvo un superávit comercial con el bloque superior a los 30.000 millones de dólares por quinto mes consecutivo. La competencia golpea con fuerza al sector automotor, según el documento.
Volkswagen anunció recientemente una reestructuración amplia. El plan incluye decenas de miles de recortes de puestos de trabajo.
Bruselas también quiere reducir su exposición a China en materias primas estratégicas. La Comisión dijo que Europa depende de China en más del 80% de numerosas materias primas críticas y en alrededor del 90% de determinadas tierras raras.
La Comisión anunció una nueva estructura para garantizar suministro y almacenamiento de materias primas críticas. La iniciativa busca coordinar compras y crear reservas estratégicas.
La lectura política es clara. Europa descubre tarde que la dependencia externa tiene precio.
Cuando un bloque pierde capacidad productiva y concentra su abastecimiento afuera, pierde libertad económica. También expone a sus empresas y a sus trabajadores a decisiones tomadas lejos del mercado europeo.
Bruselas ahora promete herramientas. El desafío real será devolver previsibilidad, competencia y soberanía industrial sin seguir cargando el costo sobre la industria y el contribuyente europeo.


