QATAR (Pulso) — El primer ministro de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, viajará este jueves a Teherán. El objetivo: reactivar la diplomacia entre Irán y Estados Unidos.
Qatar ha actuado como intermediario durante meses. Doha participó en la negociación del alto el fuego alcanzado en junio. Ese acuerdo redujo hostilidades, pero no resolvió las diferencias de fondo.
La guerra se aproxima a su sexto mes. El Comando Central de Estados Unidos no ha informado nuevos ataques contra Irán en casi un mes. Tampoco hay avance diplomático significativo.
Washington traslada el foco hacia la presión económica. Planea ampliar sanciones contra socios comerciales de Irán. El objetivo: dificultar los ingresos internacionales del régimen.
El Estrecho de Ormuz sigue siendo el nudo central. Antes de la guerra, unos 20 millones de barriles diarios atravesaban el estrecho. Hoy el flujo cayó a unos 5 millones, según datos recientes de seguimiento marítimo.
Teherán ha planteado cobrar comisiones a los barcos que crucen la vía. Estados Unidos rechaza esa exigencia. Insiste en restablecer la libertad de navegación previa a la guerra.
La Organización Marítima Internacional de Naciones Unidas registró 70 incidentes en el estrecho desde el 28 de febrero. Resultado: 19 marineros muertos.
Las señales iraníes son contradictorias. La Guardia Revolucionaria afirmó haber alcanzado «resultados aceptables» con Omán para administrar el tráfico de Ormuz. Una fuente iraní de alto nivel desmintió después que las negociaciones hubieran concluido.
Un portavoz de la Guardia Revolucionaria sostuvo que el estrecho permanecerá cerrado hasta que Washington cumpla condiciones del memorando de junio. Las demandas incluyen levantamiento del bloqueo de puertos, compensaciones económicas y retiro de sanciones.
Durante la visita, al-Thani discutirá libertad de navegación, continuidad de la mediación y mecanismos para reducir tensiones.
Pulso Global observa: mientras Irán use una arteria energética global como palanca de extorsión, ningún acuerdo será estable. La caída de 20 a 5 millones de barriles diarios es el costo real que pagan consumidores y mercados, no los negociadores en Doha. La presión económica de Washington apunta en la dirección correcta; la mediación qatarí solo tendrá valor si Teherán abandona la coerción como método.



