Confirmado: el crédito al sector privado argentino equivale a menos del 18% del PBI. En Chile supera el 100%, según la columna de Francisco de Santibañes publicada en La Nación.
La comparación no es menor. El autor sostiene que sin moneda confiable ni estabilidad institucional, no surge un mercado de capitales capaz de financiar emprendedores.
El planteo llega en un contexto global tenso. Según datos de la Universidad de Uppsala citados en el análisis, los conflictos armados con participación estatal se duplicaron desde 2010, hasta alcanzar 65 en 2025. Sería el máximo desde 1946.
Ese escenario, dice el autor, revaloriza ventajas argentinas: Vaca Muerta, potencial minero, litio y menor exposición a rutas críticas como el estrecho de Ormuz. La matriz exportadora también ayuda: China y Estados Unidos representan, cada uno, alrededor del 10% de las exportaciones.
Pero la columna es clara en un punto. Recursos naturales y geografía favorable no garantizan desarrollo sin instituciones sólidas. Hacen falta reglas de juego estables, sistemas judiciales confiables y una administración pública donde el mérito, no la discrecionalidad, defina carreras.
En desarrollo: el autor advierte que los empresarios priorizan el Estado de derecho por encima de retornos altos o beneficios impositivos transitorios.
Lectura editorial: el dato del 18% contra el 100% de Chile expone el costo real de la inestabilidad institucional. No es un problema abstracto, es crédito que no llega a los emprendedores. Mientras el mundo se fragmenta y la seguridad vuelve a pesar más que la eficiencia, los países que ordenen su casa, con reglas previsibles y menos discrecionalidad estatal, capturarán la inversión que otros dejan pasar. Vaca Muerta y el litio son oportunidad, no destino asegurado.


