LIECHTENSTEIN (Pulso) — Vaduz confirmó este martes lo que ya era previsible. El Parlamento de Liechtenstein aprobó por 13 votos contra 12 la llamada «iniciativa de plazos» (Fristenlösung). La propuesta busca despenalizar el aborto durante las primeras 12 semanas de gestación.
El presidente del Landtag, Kaufmann, declaró el resultado: «Aprobada por 13 votos de los 25 miembros presentes. El Landtag, por tanto, ha aprobado la iniciativa popular».
La iniciativa fue impulsada, entre otros, por la Lista Libre (Freie Liste). Según la fuente, la propuesta reunió 4.970 firmas ciudadanas, superando el mínimo legal de 1.000 exigido para forzar el debate parlamentario.
El texto aprobado también contemplaba que los costos del procedimiento fuesen asumidos por la caja pública de enfermedad.
Un diputado de la Lista Libre intentó someter la medida a consulta popular. La moción fue rechazada por 13 votos contra 12.
El veto, sin embargo, ya estaba anunciado. El príncipe heredero Alois comunicó antes de la votación que ejercerá su derecho de veto legislativo. Argumentó, según el principal periódico nacional, que una ley de plazos no protege adecuadamente al no nacido y que la protección de los niños no puede estar sujeta a su edad de gestación.
La legislación vigente prohíbe el aborto con penas de hasta un año para la mujer y hasta tres años para quien lo practique. Desde 2015, las mujeres pueden viajar al extranjero sin persecución criminal, pero el Estado no financia esos procedimientos.
No es la primera vez. En 2011, el anuncio del veto fue el detonante para que el 52 % del electorado rechazara una propuesta similar en referéndum. En 2012, un intento de recortar las prerrogativas del monarca fue rechazado con el 72 % de los votos.
Pulso Global observa: Liechtenstein ilustra un principio que Bruselas prefiere ignorar. La soberanía institucional —incluso monárquica— puede ser el último cortafuegos frente a mayorías parlamentarias ajustadas que legislan sobre materias de fondo moral. El veto no es anomalía; es arquitectura constitucional que el propio pueblo ratificó con claridad en las urnas. El libre mercado de ideas exige también respetar los marcos que las sociedades eligen para sí mismas.


