COLOMBIA (Pulso) — El Concejo de Bogotá votó este miércoles a favor del incremento del ICA para el sector automotriz y el financiero.
Para los concesionarios, la tarifa pasará del 6,9 al 11 por mil. Para bancos y entidades crediticias, el alza es del 50 % en la tarifa, con una escala decreciente entre el 20 y el 18 por mil.
La pregunta central: ¿quién absorbe el costo?
El concejal Schiavenato, que votó en contra, fue directo: «El rejón fiscal del ICA a los concesionarios va a encarecer de entrada el precio de los vehículos, los trámites y el financiamiento». Advirtió que los compradores serán golpeados «por punta y punta»: el producto y su crédito.
Fenalco Bogotá rechazó la medida. Su director ejecutivo, Orrego, alertó que las empresas podrían reubicar inversiones y operaciones en otras jurisdicciones. «Más impuesto no siempre significa más recaudo. A veces significa menos inversión, menos empleo, más informalidad», afirmó según la fuente.
Orrego también señaló la contradicción interna de la política distrital: «No tiene sentido incentivar el vehículo limpio por un lado y encarecer por el otro la actividad que permite que ese vehículo llegue a Bogotá».
A favor, el concejal Triana del Partido Verde defendió la progresividad: «Quien más gana, más debe aportar a la ciudad». Negó que exista «una relación automática» entre el ICA y las tasas que pagan los ciudadanos por sus créditos.
La secretaria de Hacienda, Cadena, sostuvo que la propuesta tiene «sustento técnico» y que el proceso de revisión dejó «la mejor versión» del acuerdo.
Pulso Global observa lo evidente: cuando el aparato estatal sube impuestos al comercio, la cadena de traslado de costos no es una teoría, es aritmética. Los concesionarios no absorben el alza; la transfieren al precio final. El bogotano que financia un vehículo pagará más por el bien y más por el crédito. Que la medida se presente como un golpe «a los que más tienen» no cambia ese mecanismo. La libre empresa no castiga al comprador por ideología; lo hace porque los márgenes no son infinitos. Bogotá acaba de hacer más cara la movilidad privada para su clase trabajadora.



