BRASIL (Pulso) — Confirmado. Lula habló el viernes en Porto Alegre.
El presidente de Brasil admitió que varios alimentos básicos están caros. Mencionó la carne y el café. También recordó que el huevo estuvo «por las nubes» el año pasado.
Luego dio una recomendación que marcó el tono político de sus palabras. «Si no hay carne, comemos huevo. Si no hay huevo, comemos carne», dijo.
Lula agregó otra alternativa. «Cuando no hay ninguno de los dos, comemos, como yo comía cuando llevaba mi lonchera, frijoles y arroz solos», afirmó.
El propio mandatario habló ante los presentes sobre el costo de vida. La frase cayó en un contexto de precios altos para familias que ven erosionado su poder de compra.
Según la fuente, Brasil registró en agosto una deflación mensual del 0,32%. También señala una inflación acumulada desde enero de 2023 hasta agosto de 2026 de aproximadamente 17,9%.
La postal política es incómoda. Un presidente que admite precios altos debería ofrecer soluciones. En cambio, el mensaje que dejó fue de adaptación forzada del consumo. Eso traslada el ajuste al bolsillo de las familias y normaliza la pérdida de bienestar.
El episodio también muestra el costo del relato oficial cuando choca con la vida diaria. La inflación y los alimentos caros no se corrigen con resignación. Se corrigen con disciplina económica, producción y más libertad para que el ingreso alcance.
Para el contribuyente y el trabajador, el debate no es simbólico. Es cuánto rinde el salario frente a la canasta básica. Y ahí el Estado no puede contentarse con pedir paciencia.



