JAPÓN (Pulso) — Confirmado. Japón endurece su discurso migratorio y pone el foco en el control estatal.
Satsuki Katayama, ministra de Finanzas, afirmó que el Gobierno no pretende avanzar hacia un modelo similar al de algunos países europeos. Dijo que Japón recibirá extranjeros que lleguen como «buenos amigos», pero advirtió que quienes incumplan las leyes deberán abandonar el territorio.
«No estamos imaginando esa situación [sobre la inmigración] en la que nuestra sociedad será como la de los países europeos», afirmó Katayama. La declaración llegó mientras el Ejecutivo busca endurecer determinados controles migratorios.
Al mismo tiempo, Japón mantiene programas para atraer trabajadores extranjeros y cubrir la falta de mano de obra. El país cuenta con sistemas específicos como el de «trabajador calificado específico», con requisitos de idioma y capacidades profesionales para ciertos sectores.
El Gobierno también analiza un programa nacional de integración. Ese plan contempla enseñanza del idioma japonés y orientación sobre normas de convivencia para extranjeros y sus familias.
La administración de la primera ministra Sanae Takaichi colocó la inmigración y el control de los extranjeros entre sus prioridades. En agosto, las autoridades anunciaron un paquete llamado «plan de cero inmigrantes ilegales», destinado a reforzar las medidas contra la permanencia ilegal y mejorar el control migratorio.
La lectura es clara. Tokio intenta equilibrar necesidad económica y orden legal. Abre la puerta a mano de obra extranjera, pero sin ceder el control del Estado sobre las reglas de permanencia.
Ese enfoque contrasta con modelos más permisivos en Europa, según la propia Katayama. Para el contribuyente y para la convivencia, el mensaje es directo: apertura limitada, control estricto y cero tolerancia frente al delito.



