INTERNACIONAL (Pulso) — Confirmado. La regulación de la inteligencia artificial avanza, pero con criterios muy distintos.
La Unión Europea ya cuenta con un reglamento de IA. El marco es el primer régimen jurídico integral sobre esta tecnología en el mundo. Gran parte ya está en vigor y es de obligado cumplimiento.
En Estados Unidos, gran parte del protagonismo regulatorio ha recaído en los estados. El presidente Donald Trump rechaza cualquier intento de regulación o de ralentización del sector.
China también construye su propio entramado de normas. Otros países, como España, Corea del Sur, Japón o Singapur, avanzan con marcos propios o proyectos de ley.
El reglamento europeo clasifica los sistemas de inteligencia artificial en cuatro niveles de riesgo. También exige supervisión humana para los modelos más peligrosos. Además, prevé sanciones de hasta 35.000.000 de euros, o el 7% del volumen de negocio mundial.
Organismos como la ONU, la OCDE y el Consejo de Europa ya publicaron informes sobre gobernanza. Un diagnóstico mundial de la Unesco mostró que el 49% de los estados analizados ya posee algún tipo de regulación relacionada con la IA.
Durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, António Guterres pidió gobernar la IA «antes de que esta lo haga por su cuenta». Pedro Sánchez sostuvo que la «autorregulación» de los «tecnooligarcas» no funciona.
La lectura es clara. El mundo discute cómo frenar una tecnología sin matar la innovación. Pero el costo de la demora puede caer sobre ciudadanos, empresas y estados sin reglas claras.
La UE apuesta por orden jurídico y responsabilidad. Trump, en cambio, deja más espacio al mercado y a los estados. Ese contraste ya marca dos modelos de poder: uno de control central y otro de mayor libertad regulatoria.


