CHILE (Pulso) — Confirmado. Chile volvió a quedar expuesto en el juego aéreo. La Roja perdió 4-2 ante Estados Unidos, y dos goles llegaron de cabeza.
Nicolás Córdova fue directo tras la derrota. «No tenemos la altura que tienen otros países», dijo. También pidió mejorar la agresividad dentro del área y la atención.
El problema no es nuevo. El texto recuerda que, durante este siglo, la estatura se volvió una obsesión para los entrenadores de la selección chilena. El juego aéreo ha sido una de las grandes desventajas del equipo nacional.
Las últimas convocatorias muestran un dato duro. La selección chilena tiene el menor promedio de estatura entre los centrales de las diez selecciones sudamericanas. La presencia de Paulo Díaz, con 1,78 m, baja la media.
El panorama contrasta con otras selecciones. Bolivia ha elegido cuatro zagueros de 1,90 metros o más. Perú tiene dos que se acercan a esa altura. Argentina también aparece entre las más bajas, aunque con otras virtudes.
La historia reciente muestra que Chile ha intentado compensar esa carencia con otras armas. En la década pasada, la solidez del mediocampo ayudó a sostener el déficit. Esa fórmula ya no está disponible con la misma fuerza.
La lección es clara. Cuando una selección renuncia al físico en el área, paga caro en los cruces decisivos. La planificación deportiva también pasa por medir bien los incentivos y las limitaciones reales del plantel.
Si el fútbol chileno quiere competir con orden, necesita resolver un problema estructural. No alcanza con voluntad ni con discurso. En el área, la ventaja suele ser concreta. Y hoy Chile la tiene en contra.



