UCRANIA (Pulso) — El presidente ucraniano Volodímir Zelensky aseguró que Rusia solicitó a Corea del Norte el envío de 30.000 soldados adicionales. Según el mandatario, Moscú organiza el despliegue desde junio en la región de Vorónezh, cercana a la frontera ucraniana.
Desde allí, según Kiev, el contingente sería trasladado a distintos sectores del frente de combate.
Zelensky sostuvo que las elevadas bajas sufridas por el Ejército ruso obligan al Kremlin a buscar apoyo externo. El objetivo, según el mandatario, sería evitar una nueva movilización masiva de reservistas dentro de Rusia.
La cooperación militar entre ambos países no es nueva. Según Kiev, Pyongyang ya proporcionó armamento, proyectiles de artillería, misiles balísticos y miles de soldados. Varios de esos efectivos habrían participado en combates en la región de Kursk y zonas fronterizas, según las autoridades ucranianas.
El mandatario advirtió que el eventual despliegue de otros 30.000 militares representaría una nueva escalada en la internacionalización del conflicto.
Las autoridades ucranianas reiteraron el llamado a sus aliados occidentales para mantener el suministro de ayuda militar y económica. Zelensky insistió en la necesidad de reforzar la defensa aérea, ampliar el acceso a armamento de largo alcance y sostener el respaldo internacional.
Las declaraciones se producen en un contexto de intensificación de los combates y aumento de ataques con drones y misiles por parte de ambos bandos.
Confirmado lo que se sabe: estas son afirmaciones de Kiev, no verificadas de forma independiente. Aun así, el patrón es claro. El aparato militar del Kremlin depende cada vez más de regímenes autoritarios para sostener su ofensiva. Que Moscú recurra a Pyongyang revela una presión interna que ninguna propaganda oficial puede ocultar. Para los aliados occidentales, la señal es directa: el suministro de apoyo a Ucrania no es filantropía; es contención de una alianza entre Estados que desafían el orden internacional.


