BRASIL (Pulso) — La Unión Europea suspendió las importaciones de carne y otros productos de Brasil. El motivo: falta de garantías sobre el control de antibióticos en la ganadería.
En mayo, el bloque ya había retirado a Brasil del listado de países reconocidos por cumplir sus reglas de uso de antimicrobianos. Ante la falta de respuestas, Bruselas endureció la medida hasta obtener garantías de trazabilidad.
Brasilia rechazó el veto. Anunció que recurrirá a los mecanismos de solución de controversias del acuerdo Mercosur-UE y también a la Organización Mundial del Comercio.
Las cifras son altas. Están en juego más de US$1000 millones en exportaciones de carne bovina. En carne aviar, el monto expuesto es de casi US$800 millones.
En el análisis de La Nación, hay presión de productores ganaderos europeos, sobre todo franceses, opuestos al acuerdo con el Mercosur. Aun así, el texto sostiene que la sanidad animal debe tomarse en serio: mejor bisturí que motosierra a la hora de desregular.
Argentina no está exenta de un riesgo similar, según la misma fuente. Pero destaca sus sistemas de trazabilidad e información, y el rol del Senasa, que pese a los recortes presupuestarios puede otorgar garantías de inocuidad. La memoria de la crisis de aftosa de fines de los 90 pesa: la confianza sanitaria se pierde rápido y cuesta años recuperarla.
En paralelo, la Sociedad Rural Argentina calculó que el mercado de créditos de carbono podría representar una oportunidad de US$4800 millones anuales para el país. La entidad fue explícita: esos recursos «no pueden estar concentrados en intermediarios ni bajo un esquema de administración estatal», sino llegar directo a productores y propietarios.
El caso brasileño deja una lectura para la región: la trazabilidad sanitaria no es un capricho burocrático, es la llave de acceso a mercados. Los sistemas que hoy sostiene el Senasa, con recursos limitados, son un activo que Argentina no puede permitirse perder.



