UCRANIA (Pulso) — Las Fuerzas Armadas de Ucrania atacaron dos cargueros en el mar Caspio en la noche del 24 al 25 de julio. Los buques identificados: Port-Olia 2 y Begay.
La operación fue ejecutada por el Servicio de Seguridad de Ucrania. Según información oficial ucraniana, ambas embarcaciones integraban un corredor marítimo utilizado para transportar drones Shahed, misiles balísticos y equipamiento militar suministrado por Irán a Rusia.
La ofensiva también destruyó radares estratégicos, incluidos sistemas de guiado de baterías antiaéreas S-400, según Kiev.
Irán respondió de inmediato. Su Cancillería calificó el ataque como «un acto hostil y criminal» que viola la Carta de las Naciones Unidas. Insistió en que Irán «nunca ha intervenido» en la guerra entre Rusia y Ucrania.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní el tono fue más duro. Afirmaron que «lo que hizo el gorrón de Kiev no puede quedar sin respuesta». Acusaron al gobierno de Zelenski de actuar bajo influencia externa y señalaron puntualmente a Israel.
Teherán advirtió que se reserva el «derecho de responder». No precisó la forma ni el plazo.
El episodio amplía el mapa del conflicto. Kiev actuó directamente contra activos vinculados a un tercer Estado que abastece al Kremlin. El corredor Caspio-Rusia, según inteligencia ucraniana, es central para sostener las operaciones militares rusas.
Confirmado. En desarrollo.
El ataque expone la cadena logística que alimenta la maquinaria de guerra del Kremlin. Cada dron Shahed y cada misil balístico que llega a suelo ruso tiene un costo en vidas ucranianas. Que Kiev haya decidido cortar esa línea de suministro —asumiendo la reacción de Teherán— es una señal de que la guerra de desgaste se libra ahora en múltiples frentes. La amenaza iraní, por su parte, confirma lo que Teherán negó: su papel activo en el conflicto.


