BRASIL (Pulso) — Confirmado. Lula hizo de la soberanía y la democracia el eje de su discurso ante la Asamblea General de la ONU.
El presidente de Brasil dijo: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie». También advirtió sobre las «tentaciones hegemónicas» de EE.UU. y reclamó «socios con una agenda positiva».
La tensión crece en la recta final hacia las elecciones del 4 de octubre. Lula busca un cuarto mandato. La disputa ya quedó cruzada por la relación con Washington.
La Tercera cita a James N. Green, quien dijo que, si la segunda vuelta es reñida, Trump podría no reconocer el resultado. Pedro Telles, de la FGV, señaló que figuras del gobierno de Trump aparecen junto a la familia Bolsonaro.
La Agencia Brasileña de Inteligencia, según Folha de S. Paulo, alertó sobre un riesgo crítico de interferencia electoral de EE.UU. También el Instituto Vladimir Herzog envió cartas de alerta a las autoridades y a António Guterres.
La cadena alemana Deutsche Welle agregó que la administración republicana intensificó la presión desde el año pasado. Mencionó aranceles, sanciones y el desvío del procedimiento diplomático para nombrar embajador en Brasilia.
O Estado de S. Paulo y O Globo informaron sobre un documento con 21 demandas estadounidenses. Entre ellas aparecieron garantías para «disidentes políticos», libertad de expresión, sanciones financieras y acceso a minerales críticos y tierras raras.
Vieira calificó el documento de «inaceptable» y «nacido muerto», según integrantes de Itamaraty. También dijo que EE.UU. buscó la «capitulación» de Brasil.
La secuencia muestra una pelea mayor por autonomía, reglas y poder. Cuando un gobierno extranjero condiciona aranceles o pide cambios políticos, no solo negocia comercio. También presiona sobre soberanía y sobre el voto.
Para el contribuyente y para la libre empresa, el riesgo es claro. Más presión externa significa menos certidumbre, más costo y más interferencia estatal en la economía. Brasil entra en una campaña ya contaminada por el choque con Washington.



