ARGENTINA (Pulso) — Argentina avanzó a semifinales. El marcador final llegó con goles de Julián Álvarez y Lautaro Martínez en el alargue.
Antes de los goles, la jugada clave: la expulsión de Breel Embolo. El delantero recibió primera amarilla por una entrada sobre Leandro Paredes. Minutos después simuló una falta. El árbitro portugués João Pinheiro la cobró y amonestó a Paredes. El VAR, operado por el chileno Juan Lara, intervino. Pinheiro revisó y expulsó a Embolo por doble amarilla.
«No suelo quejarme del árbitro, pero hoy todo les salió bien», dijo el defensor Manuel Akanji según La Tercera. «Nunca había jugado un partido tan desigual. Ninguna de sus simulaciones fue sancionada». Añadió: «No recibieron ni una sola tarjeta amarilla en los primeros 90 minutos».
Remo Freuler fue en la misma dirección. «Hasta la tarjeta roja, teníamos el partido bajo control», declaró, según la misma fuente. «Perder así después de una actuación arbitral tan deficiente duele mucho».
El técnico Murat Yakin apuntó al protocolo del VAR sobre «identidad equivocada». «Fuimos castigados por una regla que, en mi opinión, es completamente inaceptable», sostuvo en conferencia. «Esta regla destruyó nuestro partido». Sin embargo, Yakin evitó atacar a Argentina: «No diría que los están favoreciendo. Tengo que felicitar a Argentina».
Confirmado. El partido quedó sellado con diez suizos en cancha.
En desarrollo.
Las protestas de Suiza son comprensibles en el plano deportivo. El debate de fondo es otro: reglas de VAR aplicadas con criterios que los propios protagonistas no logran descifrar ni en tiempo real ni después. Cuando una competencia de esta magnitud se define por tecnicismos reglamentarios opacos, la credibilidad del torneo paga el costo. Argentina celebra, con razón. Pero el fútbol, como cualquier institución que aspire a legitimidad, necesita reglas claras y árbitros que las apliquen con consistencia visible.


