ESPAÑA (Pulso) — Madrid, 1978. El rey Hasán II visitó Madrid con Juan Carlos I como testigo. Allí lanzó un desafío directo a Adolfo Suárez: «Usted sabe que Ceuta y Melilla no tienen defensa ante una invasión por sorpresa de Marruecos».
La respuesta fue inmediata. Según recoge la fuente, Suárez contestó: «Sabe usted que, si eso sucediera, podríamos bombardear Rabat, o Casablanca, en tan solo 48 horas». Añadió que «defender el territorio español está establecido en nuestros planes de Defensa».
El contexto era tenso. Marruecos había ejecutado la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental en 1975. Hasán II buscaba, según la fuente, aprovechar la supuesta debilidad política española durante la Transición.
Ceuta es ciudad española desde 1415. Melilla, desde 1497. Ambas figuran en los planes de defensa nacionales.
El episodio resurge ahora en el debate público. Según la fuente, se estima que 40.000 inmigrantes entraron ilegalmente en Ceuta y 1.135 en Melilla en una crisis reciente. Al menos 72 personas murieron, la mayoría ahogadas. El CETI registra más de 700 personas en un recinto diseñado para 512 plazas. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, denuncia que más de 10.000 personas permanecen aún en la ciudad.
Según la fuente, 22 países de la Unión Europea han reclamado un endurecimiento de la política migratoria ante la situación española.
Lectura de Pulso Global. La anécdota de Suárez no es nostalgia: es un manual de disuasión. Un Estado que defiende su territorio con claridad evita que el adversario calcule mal. La firmeza verbal de 1978 cerró el episodio sin un disparo. Lo que la fuente describe como colapso actual —fronteras desbordadas, cifras de muertos, instalaciones saturadas— ilustra el coste concreto de ceder soberanía por cálculo político. El libre mercado y el orden jurídico requieren fronteras funcionales. Sin ellas, el Estado pierde el primer requisito del contrato social: el monopolio legítimo del territorio.


