BOLIVIA (Pulso) — Confirmado. Marco Rubio se reunió en Nueva York con Rodrigo Paz durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas.
El encuentro se centró en el acuerdo de Bolivia con el Fondo Monetario Internacional y en las reformas que el nuevo Gobierno boliviano pretende implementar en sectores estratégicos. Rubio calificó la reunión como «productiva».
Según la versión difundida, Rubio señaló que la relación entre Washington y La Paz es importante para los planes bolivianos de obtener apoyo financiero del FMI y avanzar en la reforma de los sectores de combustibles, minería y energía. La declaración fue presentada como un respaldo político de Estados Unidos al proceso de transformación económica impulsado por Paz.
El acuerdo con el FMI contempla un financiamiento de 1.900 millones de dólares para Bolivia. El programa busca enfrentar la escasez de divisas, el deterioro de las reservas internacionales y el elevado déficit fiscal.
El convenio podría facilitar además acceso a más de 5.000 millones de dólares adicionales de otras instituciones financieras internacionales. A cambio, el Gobierno boliviano deberá aplicar una reducción del déficit fiscal, mayor disciplina monetaria y una flexibilización del régimen cambiario.
La agenda bilateral también incluyó seguridad, narcotráfico, terrorismo y el fortalecimiento de la Policía y las Fuerzas Armadas bolivianas. Ambos gobiernos analizaron también mecanismos para facilitar el ingreso de productos bolivianos al mercado estadounidense.
En paralelo, funcionarios estadounidenses señalaron que una nueva legislación boliviana de inversiones podría abrir la puerta a capitales de Estados Unidos en inteligencia artificial, energía verde, hidrocarburos y minería.
La señal política importa. Washington respalda un giro hacia reformas, apertura y disciplina fiscal. Para Bolivia, el costo y el beneficio de ese ajuste recaerán sobre la economía real y sobre el margen de maniobra del Estado.
También queda una lectura de fondo. El financiamiento externo no corrige por sí solo el desequilibrio fiscal. Solo compra tiempo para ordenar cuentas, atraer inversión y sostener reglas más previsibles.