ESTADOS UNIDOS (Pulso) — Confirmado. Valeria Ricciardi repasó en el podcast Planes su recorrido desde jardín de infantes hasta la pastelería.
Contó que estudió para maestra jardinera a los dieciséis o diecisiete años. Ejerció al menos una década. A la vez criaba a sus cuatro hijos. También hacía manualidades.
Los cumpleaños familiares abrieron otro camino. Primero hizo tortas para sus hijos. Después llegaron chocolates y mesas dulces personalizadas. Su emprendimiento nació como Endulzarte. Más tarde pasó a llamarse Valeria Patisserie.
La pandemia aceleró el crecimiento. Ricciardi empezó a ofrecer cursos online. Dijo que «fue furor». También afirmó que muchas personas hicieron sus recetas. En ese período, Lourdes Sánchez preparó y mostró sus recetas sin cobrarle.
El salto mayor llegó con Emiliano «Dibu» Martínez. Ricciardi le llevó una caja extra de alfajores después del Mundial. Luego él grabó un video recomendándolos. Según recordó, dijo que eran «una bomba». La demanda superó su capacidad de respuesta.
Después, los alfajores llegaron a Lionel Messi durante un viaje a Estados Unidos. Ricciardi llevó las cajas en el carry-on. Habló con Messi y grabó un saludo para sus hijos. Después decidió no publicar de inmediato la foto.
La emprendedora dijo que antes de ese paso resolvió su situación profesional. Reunió los requisitos para una visa de talento. También habló con sus hijos. Así comenzó una nueva etapa en Estados Unidos.
El caso muestra algo más que una historia simpática. Muestra qué pasa cuando una marca nace del esfuerzo propio y no de la tutela estatal. La recompensa llega cuando hay producto, riesgo y trabajo.
También deja una señal clara para el lector: la libre empresa sigue siendo el camino más rápido entre una cocina y una oportunidad real. Cuando el talento se encuentra con la demanda, el resultado puede escalar sin pedir permiso.


