SUDÁFRICA (Pulso) — Oscar Pistorius, 39 años, lleva una vida discreta en Waterkloof, suburbio acomodado de Pretoria. Salió en libertad condicional en enero de 2024, tras cumplir más de ocho años de condena.
Según informó el Daily Mail, Pistorius trabaja ahora en una empresa de ingeniería de sonido. Un vecino citado por el periódico señaló: «Por lo visto ahora tiene trabajo, aunque ninguna gran empresa quiere contratarlo».
El exatleta reside en la mansión familiar Bateleur junto a su tío Arnold Pistorius. La propiedad cuenta con piscina, gimnasio, perros guardianes y vigilancia privada. También vive allí su pareja, Rita Greyling, según el entorno consultado por el Daily Mail.
Los vecinos lo describen como «un fantasma». Un cliente habitual de la cafetería Lucky Bread comentó: «Casi nadie lo reconoce». Pistorius luce cabello canoso, barba incipiente y cubre sus prótesis con pantalones.
Como condición de su libertad condicional, debe informar a la policía si abandona la provincia. Tiene prohibido viajar al extranjero.
En 2025, su padre Henke declaró en el programa Piers Morgan Uncensored: «Oscar está muy triste y arrepentido por lo sucedido. Lo que pasó no es lo que dictaminó el tribunal». La relación entre ambos permanece distante.
El Daily Mail señaló que productoras internacionales estudian convertir su historia en una serie de crímenes reales para plataformas como Netflix.
Pistorius fue el primer doble amputado en competir en unos Juegos Olímpicos. Ganó seis medallas de oro paralímpicas. En febrero de 2013 disparó cuatro veces a través de la puerta del baño de su domicilio en Pretoria y mató a Reeva Steenkamp, abogada, modelo y presentadora. Alegó haberla confundido con un intruso. Fue hallado culpable de homicidio y sentenciado a más de 13 años de prisión.
El caso ilustra una tensión sin fácil resolución: la deuda con la víctima no se salda con el cumplimiento parcial de una pena. Reeva Steenkamp no tiene libertad condicional. La discreción con que Pistorius reconstruye su vida es su derecho; el recuerdo de lo que destruyó, una obligación de la memoria pública.


