NIGERIA (Pulso) — El presidente de Nigeria, Bola Tinubu, aprobó una expansión militar de gran escala. La medida suma 28.000 soldados adicionales al Ejército. También crea cuatro nuevas divisiones, elevando el total de ocho a doce.
El contexto es urgente. La semana pasada, una banda armada mató al menos a 20 personas en Zamfara. Días antes, 46 estudiantes fueron secuestrados en Borno. El Ejército los rescató pocas horas después.
En mayo, 44 estudiantes y profesores fueron secuestrados en el estado de Oyo, en el suroeste. La violencia ya no se limita al norte del país.
El gobierno establecerá tres nuevos cuarteles generales en el noreste y el centro del país. Esas zonas concentran la mayor actividad yihadista y el bandolerismo más intenso.
Tinubu también anunció más de 50.000 nuevos agentes policiales. El presupuesto de defensa y seguridad alcanzó 5,41 billones de nairas, equivalentes a unos 4.000 millones de dólares, según la fuente.
Analistas advierten que aproximadamente el 90% de los ataques del Estado Islámico ocurren hoy en el África subsahariana. La rama activa en Nigeria es, según esos mismos analistas, una de las más peligrosas del mundo.
En diciembre, fuerzas estadounidenses y nigerianas ejecutaron una operación conjunta contra militantes de Lakurawa. Esa cooperación concluyó a comienzos de este mes. Los ataques islamistas continúan.
Expertos en seguridad advierten un riesgo adicional: el elevado número de militares muertos en los últimos meses podría desincentivar el reclutamiento.
Lectura de Pulso Global. Nigeria enfrenta lo que muchos gobiernos evitan nombrar: una guerra activa contra el islamismo armado. Tinubu responde con la lógica correcta — más capacidad operativa, más presupuesto, más coordinación. El Estado que no defiende su territorio pierde la soberanía antes de perder las elecciones. El desafío real no es el dinero; es la voluntad sostenida de usar la fuerza hasta el final.


