BRASIL (Pulso) — El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se mostró optimista este lunes de cara a las elecciones del domingo. Invitó a sus adversarios a retirar sus candidaturas.
Dijo que, en su opinión, «no tienen ninguna oportunidad». Lo hizo ante miles de militantes en el centro de Belém, capital de Pará.
Lula, candidato a la reelección a sus 80 años de edad, resaltó los avances sociales bajo sus tres mandatos. Mencionó los períodos entre 2003 y 2010, y desde 2023.
«Tenemos mucho que hacer porque la deuda con el pueblo brasileño pobre es muy grande», afirmó ante un público multitudinario teñido de rojo.
También recordó programas sociales en educación y salud. Prometió implementar escuelas de jornada completa en todo el país. Añadió que construiría más universidades.
En su discurso, pidió además votar por candidatos a diputado y senador afines a su causa. Y prometió emprender una reforma política y otra judicial si gana en las urnas.
Lula comparó su mandato con la administración de Jair Bolsonaro. Dijo: «Mientras el otro gobierno distribuyó un millón de armas, yo distribuí 213 millones de libros didácticos para nuestros pequeños».
Las encuestas prevén una contienda muy reñida entre Lula y el senador Flávio Bolsonaro. En la última medición citada, Lula supera en cinco puntos a Bolsonaro. En sondeos anteriores aparecían en empate técnico.
Más atrás figuran Augusto Cury, Ronaldo Caiado y Renan Santos, todos con menos de un 5% de intención de voto.
Lula también se comprometió a no impulsar obras de dragado para transportar carga sobre el río Tapajós. Ese proyecto se frenó tras la movilización indígena.
Además, prometió terminar de asfaltar la parte final de una carretera en Pará. La zona está bajo presión por la deforestación, la minería ilegal y el crimen organizado.
La escena deja una lectura clara. Lula busca blindar su proyecto con poder en las urnas y en el Congreso. Eso importa para el contribuyente, la burocracia y el ritmo de la economía brasileña.
También pesa el contraste político que él mismo marcó. En su relato, su gobierno distribuye libros; el de Bolsonaro, según Lula, distribuyó armas. El debate no es menor: orden institucional, gasto público y seguridad siguen en el centro de la disputa.
