BRASIL (Pulso) — El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó en un acto de campaña que advirtió a Donald Trump.
«Si mete la mano, va a perder», dijo Lula en São Gonçalo, a las afueras de Río de Janeiro. El mandatario añadió que Brasil no va a «aceptar la injerencia de nadie».
La declaración se produjo en plena campaña electoral y con el foco puesto en las tensiones con Estados Unidos. Lula compite frente a Flávio Bolsonaro, hijo del antiguo presidente Jair Bolsonaro y aliado de Trump, según la fuente.
El gobernador de California, Gavin Newsom, también se refirió a una posible injerencia de Washington en los comicios brasileños. Dijo que estaría «muy preocupado» por ese escenario. Añadió que hubo un «arancel Bolsonaro» del 50%, que calificó de «ridículo».
Newsom sostuvo además que le preocuparía «mucho» la relación de la familia de Trump con miembros de esa familia. También mencionó intervenciones de la Administración Trump en América Latina y afirmó que el Ejecutivo republicano «sacó a Maduro» y se está «haciendo con el control del petróleo en Venezuela».
Las autoridades políticas y judiciales brasileñas mantienen un desafío desde la condena de Jair Bolsonaro a más de 27 años de prisión por intento de golpe de Estado, entre otros cargos. Esa tensión derivó en sanciones contra funcionarios y jueces, aranceles y otras medidas.
La ABIN alertó al Gobierno de un nivel «crítico» de escalada de presión de Estados Unidos. También advirtió sobre una posible injerencia de Washington en los comicios.
Brasil entra así en una fase de máxima sensibilidad institucional. El punto de fondo no es solo electoral. Es quién fija las reglas: los votantes brasileños o el peso externo.
Para el mercado y para el Estado de derecho, la señal es clara. Cada choque con Washington eleva la incertidumbre y castiga la estabilidad que necesita la inversión.


