TAIWAN (Pulso) — El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, pronunció un discurso desafiante durante la convención anual del Partido Democrático Progresista (PDP). Allí afirmó que la isla no debe convertirse en «la Taiwán de China».
Lai sostuvo que la democracia es la principal fortaleza del territorio. Insistió en que el futuro de Taiwán solo puede ser decidido por sus aproximadamente 23 millones de habitantes.
El mandatario reiteró que la República de China es un Estado soberano. Rechazó cualquier modificación de ese estatus mediante presiones externas.
Advirtió sobre lo que denominó un «terror rojo». Expresó preocupación por la nueva ley china de unidad étnica. Según Lai, esa norma podría ampliar el alcance de la legislación de Beijing sobre personas consideradas partidarias de la independencia taiwanesa.
Lai pronunció gran parte de su discurso en idioma taiwanés, no en mandarín. Analistas interpretaron el gesto como una reafirmación de la identidad cultural de la isla.
El presidente recordó que durante la última década Taiwán ha enfrentado presiones militares, campañas de desinformación y aislamiento diplomático por parte de China.
Beijing, por su parte, considera a Lai un dirigente separatista. Ha rechazado reiteradamente sus propuestas de diálogo. El régimen chino mantiene que la reunificación es un objetivo irrenunciable.
Confirmado. La tensión en el Indo-Pacífico no cede.
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Pulso Global observa: Lai defiende un modelo que funciona. Taiwán sostiene elecciones libres, prensa independiente y economía de mercado bajo presión constante del aparato estatal de Beijing. La nueva ley de unidad étnica china amplía la amenaza jurídica más allá del estrecho. Cada democracia de la región tiene razones concretas para seguir este pulso de cerca.


