ARGENTINA (Pulso) — Confirmado. Buenos Aires sumó otra edición récord en las calles. La Media Maratón llegó a 31.500 inscriptos. La maratón reunió a 16.384 corredores.
La organización de Carreras y Maratones Ñandú lleva 18 años en ese proceso, según Adalberto Iriarte. «Dieciocho años atrás éramos una mala palabra para la ciudad», admitió. Hoy, dijo, la carrera de la ciudad ya no es de Ñandú, sino de Buenos Aires.
El impacto económico aparece en el centro del fenómeno. Iriarte sostuvo que «lo que le genera una carrera a la ciudad es turismo». En la última maratón hubo 5.769 extranjeros, provenientes de 64 países. Brasil aportó 2.769 corredores, el 17% del total.
La escala obliga a pensar en más capacidad. Iriarte señaló que el año que viene esperan sumar 4.000 brasileños. También deslizó que la Media Maratón podría llegar a 35.000 personas. «Deberíamos pensar en modificar el circuito», dijo.
La prueba también gana prestigio deportivo. Hace cuatro semanas, Yomif Kejelcha logró el récord mundial de media maratón en Buenos Aires. Iriarte afirmó que eso puso a la ciudad «un poquito más alto» en el mapa mundial.
El caso muestra algo más que una fiesta atlética. Muestra una ciudad que convierte una competencia en vidriera, consumo y movimiento económico. Eso beneficia a hoteles, gastronomía y servicios. También premia a una organización que logró escalar sin perder atractivo.
Pero el dato de fondo es otro. Cuando una ciudad atrae miles de visitantes por mérito deportivo y orden logístico, el valor no nace del aparato estatal. Nace de reglas claras, recepción abierta y libre circulación. En tiempos de burocracia pesada, esa combinación todavía genera riqueza real.



