ITALIA (Pulso) — El Gobierno de Giorgia Meloni activó una unidad de crisis. Su función: asistir a ciudadanos italianos afectados por los nuevos controles españoles.
El Ministerio de Asuntos Exteriores italiano anunció la medida pocas horas después. España aplicó controles temporales sobre pasajeros procedentes de Italia por vía aérea y marítima.
Madrid justificó la decisión como respuesta recíproca. Italia había establecido previamente controles sobre viajeros llegados desde España.
La unidad coordinará asistencia consular. También brindará información sobre requisitos de ingreso y responderá consultas de afectados. Roma monitoreará el impacto sobre turismo, negocios y tránsito habitual.
Desde Roma, el Ejecutivo español recibió una calificación directa: medida «desproporcionada». Italia sostuvo que sus controles previos respondían a criterios de seguridad y al aumento de presión migratoria en las fronteras exteriores de la UE.
El detonante fue la invasión masiva de migrantes desde Marruecos hacia Ceuta. Italia temió desplazamientos secundarios de migrantes irregulares desde territorio español. Madrid respondió con restricciones equivalentes.
El Ministerio italiano confirmó que continuará dialogando con Madrid y con instituciones europeas. Roma exige preservar la libre circulación sin afectar a quienes viajan por motivos laborales, familiares o turísticos.
En desarrollo.
Lectura editorial. El episodio expone la contradicción central del proyecto europeo: Bruselas predica libre circulación pero no resuelve la presión migratoria que obliga a los Estados a actuar solos. Meloni defiende su frontera; Sánchez responde con una represalia que castiga a ciudadanos comunes. El coste lo pagan viajeros, empresas y el turismo, no los funcionarios que generaron el caos en Ceuta. La soberanía nacional, una vez más, llena el vacío que la burocracia comunitaria deja.


