RUSIA (Pulso) — El Tribunal Supremo de Rusia admitió a trámite una demanda del partido ultranacionalista Ródina. El objetivo: cancelar la inscripción de la lista de candidatos de Yábloko. Si prospera, el partido quedará fuera de las elecciones legislativas previstas para septiembre.
Yábloko es una de las pocas formaciones legalmente registradas que critica al Kremlin. Rechaza abiertamente la invasión de Ucrania. Sus dirigentes califican la ofensiva judicial de «motivación exclusivamente política».
El tribunal confirmó que comenzará a analizar el caso en los próximos días. Un fallo favorable a Ródina impediría a Yábloko presentar candidatos a la Duma Estatal.
El contexto es de presión creciente. Desde el inicio de la invasión, numerosos opositores fueron encarcelados, inhabilitados o declarados «agentes extranjeros». Otros marcharon al exilio. Según la fuente, el dirigente Borís Nadezhdin abandonó Rusia tras denunciar persecución política y apareció posteriormente en Francia.
El Kremlin aprobó leyes que endurecieron sanciones contra quienes cuestionan la invasión. También restringió organizaciones civiles y amplió facultades para limitar la participación opositora.
Pulso Global observa lo evidente: el aparato estatal ruso no necesita prohibir partidos en forma directa. Le basta con habilitar a terceros —un partido satélite ultranacionalista— para hacer el trabajo sucio ante un tribunal sin independencia real. El resultado práctico es idéntico: menos opciones en la urna, menos voces contra la guerra. Para quienes defienden la competencia política y el estado de derecho, la señal es clara. Las elecciones de septiembre se perfilan como un escenario sin oposición real.


