Confirmado. Tras la muerte de Yevgeny Prigozhin en 2023, un núcleo de Wagner sobrevivió en África.
No se integró al Ministerio de Defensa ruso. Operó de forma autónoma bajo Pavel Prigozhin, hijo del fundador.
El grupo cuenta con alrededor de 500 exmercenarios. Su base principal es la República Centroafricana.
Dos pilares financieros
Primero: la minería ilegal de oro en Ndassima. Según estimaciones citadas en la fuente, genera cerca de 500 millones de dólares anuales. El grupo también controla operaciones extractivas y madereras.
Segundo: el tráfico de tramadol. Según una investigación publicada el 12 de julio por The Wall Street Journal, este opioide sintético se convirtió en fuente clave de ingresos.
El circuito comienza en India. El tramadol se exporta a la República del Congo. Luego cruza de contrabando el río Ubangi hacia la República Centroafricana. Redes vinculadas a Wagner controlan su comercialización allí.
Los comprimidos alcanzan 200 miligramos o más. Localmente se conoce la sustancia como «cocaína para los pobres».
Una investigación de la Universidad de Uppsala, citada por el mismo medio, señala que el aumento en el consumo coincide con un incremento cercano al 20% en muertes por enfrentamientos en zonas mineras. Las víctimas en el último año rondan las 500, según esa fuente.
El Kremlin intentó centralizar el control de las operaciones exteriores de Wagner. No lo logró aquí. Según The Wall Street Journal, el grupo se apoya en estructuras políticas, militares y económicas locales, rutas de contrabando establecidas y vínculos con fuerzas de seguridad del país.
En desarrollo.
Esto es lo que se sabe: un aparato criminal con autonomía financiera real opera donde el Estado no llega. El vacío de poder no lo llena la diplomacia ni la ayuda internacional. Lo llenan los carteles. Wagner en África es el ejemplo más crudo: cuando colapsa una organización paramilitar, no desaparece; muta. Y la mutación, en este caso, tiene nombre, estructura y caja propia.


