ESTADOS UNIDOS (Pulso) — El Comité Olímpico Internacional (COI) anunció este viernes que no abrirá investigación contra el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, por la llamada que le realizó el presidente Donald Trump sobre la tarjeta roja al delantero de la USMNT Folarin Balogun.
Balogun recibió una tarjeta roja en los octavos de final del Mundial. La sanción lo dejaba inicialmente fuera del siguiente partido. La FIFA suspendió la tarjeta y Balogun pudo jugar.
Trump declaró luego que llamó a Infantino para pedir una revisión. «Todo lo que hice fue pedir una revisión, porque no creí que fuera falta», dijo Trump según la fuente. La FIFA afirmó que su decisión no fue influenciada por esa llamada.
Una ONG con sede en Londres, FairSquare, presentó una queja formal ante la comisión de ética del COI este mes. Alegó violación del principio de neutralidad que figura en la Carta Olímpica, aplicable a organismos como la FIFA. Infantino forma parte del COI desde 2020.
El COI rechazó abrir el caso. En un comunicado, explicó que la queja «se refiere únicamente a las decisiones sobre su gobernanza y su gestión, incluidas sus relaciones con el gobierno, y a la implementación de las reglas de su deporte». Por tanto, «la queja queda fuera de la jurisdicción de la comisión de ética del COI», concluyó el organismo.
El caso generó polémica adicional porque varios analistas argumentaron que Balogun no debió haber sido expulsado en primer lugar. Bélgica reaccionó con dureza tras la reversión de la sanción.
Lectura editorial. El COI trazó una línea clara: su jurisdicción no alcanza las decisiones internas de la FIFA. La queja de FairSquare, por legítima que parezca en su intención, no encontró base procedimental. Lo que queda en pie es un hecho político incómodo para quienes defienden la «autonomía» del deporte frente a los gobiernos: la llamada existió, la reversión existió, y el organismo supuestamente árbitro declinó revisar el asunto. El libre mercado de ideas deportivas exige transparencia, no silencio institucional.


