EGIPTO (Pulso) — Atlanta, Georgia — Egipto eliminado. Argentina en cuartos. Y una tormenta arbitral que no para.
El seleccionado egipcio perdió 3-2 ante Argentina este martes en los octavos de final del Mundial 2026, disputado en el Atlanta Stadium. El marcador no refleja la cronología: Egipto llegó a ganar 2-0 en el minuto 59.
Lo que vino después encendió la polémica. Un gol egipcio fue anulado por una falta en la jugada previa, ocurrida más de 20 segundos antes del tanto y en el otro extremo del campo. Luego, los jugadores reclamaron un penal de Argentina sobre Mohamed Salah, en la jugada que precedió al gol de Enzo Fernández en el minuto 92, el definitivo 3-2.
El VAR no intervino en ninguno de los dos casos a favor de Egipto. La protesta de jugadores y cuerpo técnico derivó en cuatro tarjetas amarillas y una roja para el bando africano.
«No hemos visto respeto ni juego limpio», dijo el técnico Hossam Hassan a los periodistas. «Un penal fue anulado, y un segundo incidente que debió revisarse tampoco fue chequeado por el VAR. Quiero decirlo con elegancia y hablar de mala suerte, pero hemos sido tratados injustamente; ha sido una injusticia».
Hassan fue más directo en otra declaración: «Parece haber habido presión del lado argentino sobre el árbitro que provocó este resultado». También cuestionó el horario de mediodía para el partido.
El jugador Mostafa Ziko fue igualmente contundente en declaraciones a TSN: «La copa está dirigida hacia Argentina. No fue justo del árbitro. Desperdició todos nuestros esfuerzos con sus decisiones».
FIFA no emitió declaración inmediata sobre las quejas. El partido y su arbitraje quedan bajo el escrutinio de la opinión pública global.
Lectura de la casa. Las acusaciones de Egipto son graves y merecen respuesta institucional de FIFA. Un torneo que aspira a ser referencia mundial no puede cerrar sus octavos de final con un equipo convencido de que el VAR operó con doble rasero. La credibilidad del arbitraje es un bien público del deporte; erosionarla beneficia a nadie y perjudica a todos los que invierten —en tiempo, dinero y esfuerzo— en seguir el juego.


