VENEZUELA (Pulso) — Estados Unidos amplió este lunes 28 de septiembre las operaciones permitidas bajo licencia en sectores estratégicos de Venezuela. La OFAC del Departamento del Tesoro sustituyó tres licencias generales vinculadas con petróleo, suministro de bienes y servicios, y nuevas inversiones.
Las nuevas autorizaciones son las licencias generales 46E, 48D y 498. Reemplazan a las versiones 46D, 48C y 49A. El cambio abre más espacio para actividades económicas, pero no levanta todas las restricciones estadounidenses sobre Venezuela.
La Licencia General 498 autoriza negociar y firmar contratos condicionados para proyectos de petróleo, gas, petroquímica y electricidad. También permite estudios comerciales, jurídicos, técnicos, ambientales y de seguridad. Pero la ejecución de esos acuerdos seguirá sujeta a una aprobación posterior y separada de la OFAC.
La Licencia General 46E permite a empresas estadounidenses constituidas antes del 29 de enero de 2025 desarrollar actividades ligadas con extracción, comercialización, exportación, almacenamiento, transporte y refinación de petróleo venezolano. También incluye productos petroquímicos destinados a Estados Unidos.
Dentro de lo autorizado figuran servicios de transporte marítimo, seguros, logística y actividades portuarias. En contratos con el Estado venezolano o con entidades de Pdvsa, deberán incluirse mecanismos de resolución de controversias en Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Singapur.
La Licencia General 48D amplía bienes, tecnología, programas y servicios para exploración, desarrollo y producción de petróleo, gas y productos petroquímicos. También alcanza al sector eléctrico. Pero deja dos límites: no permite constituir nuevas empresas conjuntas ni autoriza el envío de diluyentes hacia Venezuela.
El nuevo marco mantiene exclusiones para operaciones con personas o entidades vinculadas con Rusia, Irán, Corea del Norte y Cuba. También conserva restricciones sobre ciertas transacciones con China, embarcaciones bloqueadas y bienes bajo medidas de bloqueo.
Para Venezuela, el mensaje es claro: hay una ventana mayor para capital y servicios, pero bajo control externo. La burocracia de licencias sigue marcando el ritmo de la inversión.
El efecto práctico beneficia a quienes buscan operar dentro de ese marco. También deja una señal sobre el costo del cierre regulatorio: sin reglas estables y previsibles, la libre empresa sigue atada a permisos políticos.