CHILE (Pulso) — Confirmado. Chile perdió ante Estados Unidos y sumó una nueva derrota en su gira por Norteamérica.
La escuadra de Nicolás Córdova mostró una mejoría futbolística respecto del revés ante Canadá. Pero no logró traducirla en superioridad.
El foco volvió a ponerse en la fragilidad defensiva. En los últimos siete partidos, la Roja recibió 15 goles.
Con Córdova como técnico, Chile recibió 19 goles en 11 partidos. Siete nacieron en balones detenidos.
Eso equivale a más de un tercio de las conquistas encajadas durante este período. Ante Estados Unidos, dos de los cuatro goles llegaron mediante pelota muerta.
El segundo tanto, de Julian Hall, terminó con un cabezazo dentro del área. La fuente también señala dificultades en la defensa de centros y segundas jugadas.
Frente a la escuadra de Pochettino, Córdova dispuso una defensa de cuatro zagueros: Felipe Faúndez, Jonathan Villagra, Iván Román y Diego Ulloa. Faúndez mide 1,77 metros y Ulloa, 1,78.
Villagra y Román miden 1,83 metros. En el complemento, Córdova dio paso a Paulo Díaz, de 1,78 metros, para resistir los embates. La jugada no funcionó.
La nota recuerda que la Roja de sus mejores años compensaba la falta de estatura con anticipación y viveza. Córdova admitió que hoy falta esa característica.
Waldo Ponce lo resumió así: «Para mí, eso es, netamente, concentración». También afirmó que, en los balones detenidos, la estatura no lo es todo.
El dato central queda instalado. Chile compite, pero sigue pagando caro su debilidad aérea. En un equipo que necesita orden y solidez, cada pelota parada se vuelve un costo demasiado alto.
La Roja no puede seguir regalando ventaja en el área. Esa fragilidad castiga resultados, limita el margen del técnico y expone una carencia que ya es estructural.
Cuando el fútbol depende de detalles, la disciplina defensiva vale tanto como el toque. Hoy, Chile está perdiendo ese partido dentro del partido.


