ESPAÑA (Pulso) — Confirmado. Ceuta vivió dos jornadas de caos tras la entrada masiva de migrantes desde Marruecos.
Según datos transmitidos por el Gobierno español a la patronal local, unas 50.000 personas ingresaron el jueves. Para el sábado, alrededor de 5.000 permanecían en la ciudad de aproximadamente 83.000 habitantes.
Los comercios del centro, Puertas del Campo y la barriada del Mixto bajaron las persianas. La medida buscó proteger a trabajadores y clientes ante aglomeraciones simultáneas.
Arantxa Campos Gorriño, presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta, confirmó robos de mercadería, acoso y saqueos. Según su relato, grupos recorrieron las calles en busca de alimentos y productos de alto valor comercial.
La Policía Nacional intervino ante ingresos en colegios, vehículos forzados e intentos de ocupación de viviendas y locales. Algunos automóviles fueron abiertos para robar objetos; otros, usados como refugios.
El Centro Comercial Parques de Ceuta cerró tras reforzar su seguridad durante horas. Este sábado, la Confederación informó reaperturas «con cautela», condicionadas al refuerzo policial confirmado por las autoridades.
Campos reclamó al Gobierno una relación bilateral con Marruecos basada en igualdad, no en «servilismo», según sus palabras. Exigió que la asistencia humanitaria vaya acompañada de control territorial y protección para residentes y empresarios.
Lectura de la casa. Lo ocurrido en Ceuta es el costo directo de una política migratoria sin disuasión real. El aparato estatal llegó tarde; la libre empresa local pagó el precio: cierres, pérdidas y miedo. La patronal lo dijo sin rodeos: humanitarismo sin soberanía territorial es abandono. Mientras Sánchez gestiona la relación con Rabat, son los comerciantes —contribuyentes, propietarios, empleadores— quienes absorben el descontrol. La pregunta que queda abierta es cuántas jornadas así puede soportar una ciudad de 83.000 habitantes antes de que el daño sea irreversible.


