ARGENTINA (Pulso) — La Casa Blanca salió en defensa del seleccionado argentino de fútbol. Lo hizo tras la polémica por una pancarta desplegada en la semifinal del Mundial.
Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca para la FIFA, declaró el viernes ante la prensa: «Creemos en los derechos de la Primera Enmienda aquí en los Estados Unidos de América». Señaló que los jugadores tuvieron la oportunidad y la capacidad de «hacer esas declaraciones» en suelo estadounidense.
La pancarta, mostrada tras la victoria 3-2 sobre Inglaterra el miércoles, leía «Las Malvinas son Argentinas». Argentina enfrenta posibles medidas disciplinarias de la FIFA por presunta violación de sus normas sobre declaraciones políticas.
Downing Street respondió con firmeza. El portavoz oficial del primer ministro dijo: «El Mundial puede no ser nuestro, pero las Islas Falkland definitivamente lo son. Nuestro compromiso con las Falklands nunca vacilará». Añadió que cualquier acción contra los jugadores «es un asunto para la FIFA», pero respaldó la postura del secretario de Negocios Peter Kyle de que el organismo debe investigar.
El gobierno de las Islas Falkland expresó estar «decepcionado, pero no sorprendido». Afirmó esperar que la FIFA «sancione todo comportamiento de esta naturaleza conforme a sus propias reglas».
La vicepresidenta argentina Victoria Villarruel publicó en X tras el partido que «no fue solo otro partido», junto a un video que parecía mostrar soldados argentinos. «Las Malvinas son argentinas», escribió. «Las prohibieron en el estadio y olvidaron que las llevamos en la sangre y el corazón».
En el referéndum de 2013, 1.513 de 1.517 votos emitidos respaldaron que las islas permanezcan como territorio británico de ultramar, con una participación superior al 90%.
La guerra de 1982 duró 74 días y dejó 255 militares británicos, tres isleños y 649 soldados argentinos muertos.
La postura de la Casa Blanca complica la presión diplomática de Londres sobre la FIFA. Washington eligió el argumento de la libertad de expresión sobre la neutralidad deportiva. El principio de autodeterminación —expresado en las urnas por los propios isleños— queda así en segundo plano ante el cálculo político del momento.


