CHILE (Pulso) — Confirmado. La interpelación al canciller Francisco Pérez Mackenna terminó con dos mensajes centrales. El primero fue sobre el Escudo de las Américas. El segundo, sobre la soberanía en el estrecho de Magallanes.
Ante las preguntas del diputado Nelson Venegas, el ministro insistió en que «no hubo firma». Dijo además que en este caso «simplemente declaración». Agregó que se trata de «una declaración que no es vinculante». La discusión se concentró en la adhesión al mecanismo impulsado por el gobierno de Trump para enfrentar al crimen organizado transnacional.
Pérez Mackenna también respondió por las tensiones con Argentina. Señaló que «el estrecho de Magallanes siempre fue, es y será chileno; no hay discusión ni matices». Añadió que Chile ejerce «plena soberanía» en la zona. También afirmó que los tratados de 1881 y 1984 siguen vigentes y son definitivos para ambos Estados.
El canciller dijo además que el presidente de Argentina, Javier Milei, reconoció esa soberanía en Chile. Según el ministro, el gobierno ha buscado la modificación del decreto argentino que describe el estrecho como una zona «compartida».
La sesión dejó otra señal política. La oposición pidió antecedentes sobre la declaración con Estados Unidos y sobre el conflicto con Argentina. La Sala aprobó esa solicitud con 66 votos a favor, 72 en contra y una abstención.
Lo relevante para el lector es claro. Cuando un gobierno reduce una adhesión internacional a una mera declaración, también reduce su costo político inmediato. Pero la ambigüedad deja espacio a nuevas controversias y a más presión diplomática.
En materia de soberanía, el mensaje es más firme. La defensa del territorio no admite dobles lecturas. El Estado debe hablar con claridad y sin concesiones retóricas. Ahí se juega autoridad, orden y respeto internacional.
