ESTADOS UNIDOS (Pulso) — Comenzó este lunes en Miami el juicio contra Christian Emmanuel Sanon. Es un pastor evangélico del sur de Florida, con doble nacionalidad haitiana y estadounidense.
La acusación lo señala por conspirar para matar o secuestrar al presidente de Haití, Jovenel Moïse. Moïse fue asesinado en 2021. Sanon se declaró no culpable y se expone a una cadena perpetua.
Según la Fiscalía, Sanon aspiraba a sustituir a Moïse. También sostiene que el complot se planeó y se financió desde el sur de Florida.
La Fiscalía dice que Sanon se reunió en abril de 2021 con otros conspiradores. Habló allí de un «cambio de régimen» en Haití. En mayo encargó equipamiento para su «fuerza militar privada».
De esa fuerza formaba parte una veintena de colombianos con formación militar. A mediados de junio, los conspiradores dejaron de respaldar a Sanon. Luego apostaron por otro sucesor de Moïse.
La jueza Jacqueline Becerra rechazó el jueves pasado aplazar otra vez el juicio. El proceso estaba previsto, en principio, para marzo de 2023.
El caso expone, otra vez, el costo humano y político del colapso institucional. Cuando la política deriva en conspiración armada, la ley queda reducida a una disputa de poder.
También queda bajo la lupa el uso de redes privadas y recursos para torcer la sucesión. El principio en juego es básico: sin orden y Estado de derecho, no hay transición legítima ni seguridad para nadie.
