ESTADOS UNIDOS (Pulso) — Trump reaccionó este miércoles. En Truth Social exigió al ICE retomar sus controles de tráfico.
«Debemos ser fuertes, firmes e inteligentes», escribió. «No podemos renunciar a una de las herramientas más importantes y eficaces del ICE para combatir el crimen: ¡los controles de tráfico!»
La orden llegó un día después de que el ICE suspendiera la mayoría de esos operativos en todo el país. La pausa siguió a dos tiroteos mortales en seis días.
El 7 de julio, un agente del ICE disparó mortalmente a un ciudadano mexicano en Houston. Intentaba detener su vehículo. El lunes, otro agente mató a un conductor colombiano en Biddeford, Maine, a unos 24 kilómetros al sur de Portland.
El Departamento de Seguridad Nacional calificó a ambos de «extranjeros ilegales». Reconoció, según la fuente, que ninguno era el objetivo previsto de las operaciones de deportación.
El senador de Maine Andy King informó que el secretario Markwayne Mullin le explicó que el agente abrió fuego porque el joven intentó usar su vehículo como arma.
Tom Homan, «zar de la frontera» de la Casa Blanca, aclaró el martes en Fox News que la suspensión «no es un cambio de política, sino una pausa temporal». Añadió que los agentes recurrirán a otras vías para efectuar detenciones.
Los tiroteos desencadenaron protestas en Maine, Houston y Boston. También reabrieron el debate sobre la ausencia de cámaras corporales en los agentes del ICE.
Trump cerró su mensaje con respaldo directo a la agencia: «En Estados Unidos se les aprecia y respeta».
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La postura de Trump es inequívoca: los controles de tráfico son herramienta central de su política migratoria. Suspenderlos, aunque sea brevemente, envía una señal de debilidad que el presidente no está dispuesto a tolerar. Lo que está en juego es la coherencia de un mandato construido sobre el orden en la frontera y la expulsión de quienes ingresaron sin verificación. La presión política para ceder ante cada incidente es exactamente lo que la administración busca resistir.



