SUECIA (Pulso) — Confirmado. Ulf Kristersson presentó este jueves su carta de renuncia ante el presidente del Parlamento. Lo hizo después del recuento final de las legislativas del domingo.
La autoridad electoral sueca dio 176 escaños al bloque de centro-izquierda. El bloque de centro-derecha que respaldaba a Kristersson obtuvo 173.
El resultado todavía debe recibir certificación formal. Pero deja a Magdalena Andersson en posición de iniciar negociaciones para formar gobierno.
Andersson dijo que el resultado marca un cambio de dirección para Suecia. También afirmó que «ahora comienza una nueva era». Según sus palabras, eso fue lo que votó el pueblo sueco.
La victoria no garantiza una formación rápida del próximo Ejecutivo. Andersson debe asegurar apoyos en varias fuerzas opositoras. El Partido del Centro ya dijo que no quiere una coalición con el Partido de Izquierda.
Los Verdes también aparecen como posible socio de una futura administración de centro-izquierda. Los socialdemócratas ya comenzaron contactos con otros partidos de la oposición, según los medios suecos.
Si Andersson no reúne los respaldos necesarios, el bloque de derecha podría intentar otra fórmula con el Partido del Centro. Analistas citados en el contexto electoral ven poco probable un cambio de postura.
El resultado también supone un revés para los Demócratas de Suecia. Esa formación registró una caída en su porcentaje de votos por primera vez desde 2010.
Suecia entra así en una etapa de negociaciones parlamentarias. Si el Parlamento rechaza a cuatro candidatos consecutivos para primer ministro, habrá nuevas elecciones.
La escena deja una lección clara. Las mayorías electorales valen poco sin aritmética parlamentaria. Y cada negociación vuelve a poner en juego la estabilidad institucional.
También queda expuesta la fragilidad de los bloques que dependen de alianzas incómodas. Cuando la política se fragmenta, el costo recae sobre la gobernabilidad y la certidumbre. Eso importa a ciudadanos, empresas e inversión.


