DINAMARCA (Pulso) — El submarino alemán UC-30 se hundió en abril de 1917. Chocó contra una mina en el mar del Norte. El pecio fue hallado en 2016.
Un equipo liderado por Katrine Juul Andresen, profesora de Geociencia en la Universidad de Aarhus, examinó la zona. El buceo civil está prohibido en el naufragio. Buzos de la marina recolectaron muestras de sedimentos, agua y fauna marina.
El análisis detectó TNT, explosivo altamente tóxico. Andresen confirmó rastros en la fauna, el lecho marino y la columna de agua. «Sin duda, hay contaminación», dijo. Advirtió que empeorará conforme el pecio se deteriore y expongan más minas.
El caso no es aislado. Según un informe de Andresen para la Agencia de Protección Ambiental danesa, existen 10.127 naufragios en aguas danesas. Alrededor del 15% data de las guerras mundiales.
Remover las municiones es costoso y complejo. Andresen señaló que Alemania está más avanzada: recupera explosivos de aviones hundidos y los neutraliza, aunque el proceso es caro. Detonar las minas bajo el agua puede ser contraproducente, dependiendo de la corriente y el lecho marino. No existe, según la experta, «una manera fácil de solucionarlo».
El hallazgo expone el costo real de un siglo de guerras estatales: miles de artefactos tóxicos abandonados en el fondo marino, sin dueño que pague la limpieza. Dinamarca reconoce el problema, pero carece de una hoja de ruta como la alemana. El contribuyente, tarde o temprano, terminará financiando la factura de decisiones tomadas hace más de cien años por gobiernos que ya no existen.



