ARGENTINA (Pulso) — La producción mundial de soja pasó de 321 a 441 millones de toneladas en diez años. Argentina no participó del crecimiento: bajó de 57 a 50 millones de toneladas, una caída del 12%.
Brasil, en el mismo período, saltó de 100 a 186 millones de toneladas. Creció 86%. Su participación en el mercado global subió del 31% al 42%. La de Argentina cayó del 18% al 11%.
En exportaciones de poroto de soja, Brasil pasó de 57 a 117,5 millones de toneladas, un alza del 106%. Argentina redujo sus exportaciones un 45%.
El cuadro en harina de soja es igualmente grave. Brasil subió sus exportaciones un 72%, de 15,6 a 26,9 millones de toneladas. Argentina fue el único país que retrocedió: de 30,8 a 29,4 millones, una caída del 5%. Según el análisis, Brasil está cerca de desplazar a Argentina como primer exportador mundial de harina de soja.
El factor determinante, según la fuente, son las retenciones. Con el 24% vigente, la soja no es competitiva en zonas alejadas de los puertos. Los rindes promedio en esas zonas no alcanzan el 50% de los de la zona núcleo. Resultado: la superficie sembrada cayó de 20,4 a 16,4 millones de hectáreas, cuatro millones menos en diez años.
El contraste lo marca el girasol. Sus retenciones son del 4% y se proyecta reducirlas al 1%-3% para 2028. La superficie sembrada de girasol creció de 1,4 a 2,9 millones de hectáreas en el mismo período.
El Gobierno anunció un cronograma de reducción: las retenciones a la soja llegarían al 15% en 2028. Según el análisis de la fuente, ese nivel no alcanza para recuperar los cuatro millones de hectáreas perdidos.
Pulso Global observa lo evidente: el aparato de retenciones no es una política agraria, es una confiscación diferida. Cada punto porcentual que el Estado retiene es una hectárea que deja de sembrarse. Brasil no ganó por talento; ganó porque Argentina se autosaboteó con impuestos al productor. El cronograma oficial es insuficiente. Sin eliminación real, la próxima década será tan perdida como la anterior.



