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Rascarse una picadura empeora la inflamación: la ciencia lo confirma

Investigadores de la Universidad de Pittsburgh hallaron que el acto de rascarse activa células que prolongan el ciclo de picazón e inflamación. El beneficio es mínimo; el daño, comprobado.
Imagen generada con IA
domingo 5 de julio de 2026 · 09:03 UTC

Confirmado. Un equipo de la Universidad de Pittsburgh, liderado por el profesor de dermatología e inmunología Daniel H. Kaplan, publicó hallazgos que explican por qué rascarse una picadura o sarpullido agrava la situación en lugar de aliviarla.

El mecanismo. Los investigadores aplicaron un alérgeno en las orejas de ratones para provocar dermatitis de contacto alérgica, una condición similar al eczema. Dividieron a los animales en grupos: unos podían rascarse libremente; otros fueron impedidos con un collar isabelino. Un tercer grupo carecía genéticamente de la neurona sensora del picor.

Los ratones que se rascaron sin restricción liberaron más sustancia P, una molécula de señalización que activa las células cebadas (mast cells). Según la Cleveland Clinic, estas células forman parte del «sistema de alarma» del organismo y liberan histamina y otros químicos inflamatorios que generan más picazón. El resultado: un ciclo de picazón-rascado que se retroalimenta y prolonga la inflamación.

Los ratones impedidos de rascarse, y los que carecían de la neurona del picor, experimentaron menor inflamación.

El único matiz positivo. Los investigadores realizaron un segundo experimento y encontraron que rascarse redujo los niveles de Staphylococcus aureus, una bacteria asociada a infecciones cutáneas. Sin embargo, el propio Kaplan advirtió: «El daño que el rascado provoca en la piel probablemente supera este beneficio cuando el picor es crónico».

Lo que se sabe. La capacidad de sentir picazón y responder rascándose evolucionó, según la revista Science, hace cientos de millones de años. Pero en contextos alérgicos modernos —picaduras de mosquito, hiedra venenosa, metales como el níquel— ese reflejo antiguo trabaja en contra del organismo.

En desarrollo.

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La investigación es un recordatorio de que no toda respuesta instintiva del cuerpo es la más conveniente. La ciencia básica, financiada para explorar mecanismos evolutivos, produce aquí un resultado práctico e inmediato: el autocontrol frente a la picazón tiene respaldo empírico. Un hallazgo modesto, pero útil en plena temporada de mosquitos.

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