USA (Pulso) — Un gran jurado federal en Columbus, Ohio, imputó el jueves a ocho personas por conspirar para asesinar al presidente Trump y otros funcionarios durante el evento UFC Freedom 250, celebrado el 14 de junio en el South Lawn de la Casa Blanca.
Los cargos incluyen conspiración para cometer asesinato en territorio federal y conspiración para proveer apoyo material al terrorismo, según documentos judiciales.
El líder del grupo, Abraham H. Alvarez, 31, de Omaha, Nebraska, operaba bajo el alias «Shepard», según los fiscales. Los ocho usaban seudónimos en chats cifrados: «Shriveled Shlong», «Whiskey Six», «Viper of the S.O.G.» y «Prox», entre otros.
Los conspiradores identificaron como blancos al presidente Trump, al vicepresidente JD Vance, a Elon Musk y al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, según la acusación.
El plan contemplaba detonar drones cargados con explosivos cerca del recinto temporal y luego disparar contra los espectadores en fuga, de acuerdo con una declaración jurada federal.
Desde mayo, el grupo acumuló armas, municiones, armadura corporal, explosivos, drones y equipos de comunicación, según el indictment. Tycen J. Proper, 19, de Danville, Ohio —alias «Prox»— gastó 3.000 dólares de su «dinero de graduación» en armas. William L. S. Falkner, 21, de Belfair, Washington —alias «Pepsi»— usó una impresora 3D para fabricar drones. Michael A. Thomas y Bryan O. Roa se reunieron para entrenarse en «tiro y tácticas de combate», según la acusación.
Proper y Roa renunciaron a sus empleos días antes del ataque planeado. El arsenal de Proper, que incluía una escopeta semiautomática calibre 12 pintada con una bandera estadounidense, estaba guardado en la casa familiar.
Fue la madre de Proper quien alertó a las autoridades sobre sus compras de armas y su actividad en línea, según el FBI. «Un ejemplo clásico de 'si ves algo, dilo'», declaró Jason Cromartie, agente especial a cargo de la oficina del FBI en Cincinnati.
Confirmado. El aparato de seguridad federal funcionó esta vez gracias a un ciudadano, no a la burocracia. El costo de ignorar señales tempranas habría sido inconmensurable. Que ocho individuos lograran acumular armamento, explosivos y drones sin detección temprana plantea preguntas directas sobre los mecanismos de vigilancia preventiva. La libre empresa y el orden constitucional exigen que el Estado proteja lo único que no puede reemplazarse: la vida de quienes gobiernan con mandato popular.



