ARGENTINA (Pulso) — Las inversiones extranjeras en Argentina llegaban históricamente desde Estados Unidos o Europa. Hoy el mapa cambió. Los primeros compradores del nuevo ciclo vienen de San Pablo, Lima o Ciudad de México.
El grupo peruano Gloria desembolsó cerca de US$630 millones para adquirir el negocio lácteo argentino de Saputo. Las marcas La Paulina, Molfino y Ricrem quedaron en manos peruanas.
La cadena chilena Cencosud compró la operación local de Makro. La mexicana Industrias y Marcas (MIYM) se quedó con San Ignacio —líder en exportación de dulce de leche— y antes adquirió las lácteas Aurora y Karina.
La venezolana Farmatodo compró la cadena de farmacias Vassallo. El holding guatemalteco Grupo Mariposa se alzó con la filial argentina de Clorox.
Las multilatinas también participan en las privatizaciones del gobierno de Javier Milei. Grupo México Transportes anunció su intención de competir por el ferrocarril Belgrano Cargas. La brasileña Sabesp integra el consorcio que participará en la privatización de Aysa.
«La secuencia responde a una lógica de conocimiento, no solo de apetito por el riesgo», explicó Gonzalo Santamarina, socio fundador de MAP Latam. Los compradores regionales, señaló, «saben leer un balance con inflación» y operan en mercados donde la incertidumbre institucional «no es la excepción sino la norma».
Fernando Fucci, de Grant Thornton Argentina, coincidió: los latinoamericanos comparten historias de inflación y volatilidad cambiaria. Eso les permite «aceptar niveles de incertidumbre que otros inversores todavía no están dispuestos a asumir».
El fenómeno no se limita a adquisiciones. La cadena uruguaya Indian abrió locales en Florida y Unicenter. La brasileña Pratique Fitness confirmó cinco sucursales en Buenos Aires. Casa do Constructor inauguró hoy su segundo local en el país.
«Veníamos estudiando el mercado argentino desde 2022», dijo Ronaldo Rizzi, gerente para Latinoamérica de Casa do Constructor. «Vemos perspectivas de estabilidad financiera y una recuperación de la construcción».
Confirmado. La secuencia es elocuente: primero el capital local, luego el regional, después —si las señales de permanencia se consolidan— el gran capital anglosajón. Cada operación multilatina es un voto de confianza al ajuste fiscal y a la desregulación que impulsa el gobierno. El libre mercado no necesita propaganda: necesita reglas claras. Argentina, por ahora, está enviando esa señal.



