COLOMBIA (Pulso) — Confirmado. Más del 30% de la población colombiana padece síndrome de ojo seco. La Sociedad Colombiana de Oftalmología advierte que la curva de pacientes jóvenes va en preocupante aumento.
El principal detonante es la exposición a pantallas. El uso excesivo de celulares y computadores reduce el parpadeo natural en un 60%, según la misma fuente. Eso convierte a las nuevas generaciones en población altamente vulnerable.
La condición es multifactorial. Además de las pantallas, influyen los viajes en avión, el aire acondicionado, los ventiladores, el uso de lentes de contacto y la contaminación. Es más frecuente en mujeres en menopausia, personas de mayor edad y pacientes con enfermedades sistémicas.
«El ojo seco es una condición en la que la lágrima no tiene la calidad adecuada», explicó la oftalmóloga y cirujana María Isabel Maya. Los síntomas incluyen sensación de arenilla, sequedad, enrojecimiento, picor, fotofobia y visión borrosa.
La doctora Maya recomienda el ejercicio 20-20-20: cada 20 minutos, mirar a 20 pies (6 metros) durante 20 segundos y parpadear. «Eso hace un pequeño descanso de los músculos del ojo y ayuda con la lubricación ocular», señaló.
Los médicos advierten contra la automedicación. No todos los ojos secos requieren el mismo tipo de lágrimas artificiales; el tratamiento depende de la severidad. Se recomienda consultar al especialista cuando los síntomas no se controlen con ejercicios o gotas.
Medellín cuenta con una Unidad de Ojo Seco en la Clínica de Oftalmología Sandiego. Allí utilizan tecnología para medir la calidad y salinidad de la lágrima, además de tratamientos con calor, expresión de glándulas del párpado y luz pulsada intensa.
Esto es lo que se sabe. Una condición silenciosa, acelerada por el estilo de vida digital, que ya afecta a uno de cada tres colombianos. El dato es una señal directa de los costos sanitarios que trae el consumo tecnológico sin hábitos de protección. La prevención —barata, accesible, sin receta— está al alcance de cualquier usuario con una pantalla. La responsabilidad individual, aquí, pesa más que cualquier política pública.



