BRASIL (Pulso) — Lula dijo que ganará en primera vuelta. Lo afirmó en una entrevista y en un acto político en Belém.
«Creo sinceramente que voy a ganar las elecciones en primera vuelta», dijo Lula. También sostuvo: «Creo que esta elección se va a definir el domingo».
En el mitin en Belém, pidió a sus opositores que retiren sus candidaturas. Según expresó, «no tienen ninguna oportunidad».
Pero los sondeos citados muestran otro escenario. BTG/Nexus, publicado el 28 de septiembre, le asigna 42% a Lula y 37% a Flávio Bolsonaro. Para una segunda vuelta, proyecta 46% para Lula y 44% para su principal rival.
Quaest, realizada entre el 24 y el 27 de septiembre, ubica a Lula con 39% y a Flávio Bolsonaro con 34%. En un eventual balotaje, ambos figuran con 42%.
Datafolha lo coloca con 39% y a Flávio Bolsonaro con 36%. Según esos números, ambos están dentro del margen de error. Para una segunda instancia, el sondeo estima 46% para Lula y 44% para Bolsonaro.
El contraste es claro. Lula habla de definición inmediata. Las encuestas descritas no le dan el umbral de 50% necesario para cerrar la elección en primera vuelta.
Para el lector, el punto central es otro. Cuando el poder político no muestra un mandato contundente, la incertidumbre aumenta. Y con ella pesa más la necesidad de reglas claras, competencia real y respeto al voto.
También queda en juego la confianza en el proceso. Si el resultado se estira al 25 de octubre, el costo político se traslada a toda la sociedad. Menos margen para la improvisación. Más presión sobre el aparato estatal y sobre la economía.



