ESTADOS UNIDOS (Pulso) — Carl Heastie preside la Asamblea de Nueva York. Conduce más de 100 legisladores. Negocia con la gobernadora Kathy Hochul y el Senado estatal.
Su válvula de escape se llama Paisley. Es una goldendoodle —cruce de golden retriever y caniche— adoptada en 2024. Heastie la llama «el amor de mi vida».
Según Gothamist, colegas del legislador demócrata del Bronx confirman que Paisley lo ayuda a manejar el estrés diario. La perra deambula por los pasillos del Capitolio cuando la Asamblea está en sesión.
El propio Heastie declaró: «No sé si me ha vuelto más tranquilo. Simplemente aprecio la alegría que trae a mi vida».
Hay un problema reglamentario. La Oficina de Servicios Generales emitió un comunicado en 2024. El texto recuerda que solo se permiten animales de servicio, perros policía y perros de bomberos en el edificio.
Las asambleístas Deborah Glick y Linda Rosenthal dijeron, según Gothamist, que los legisladores restaron importancia a las normas. Rosenthal fue más lejos: opinó que todas las legislaturas deberían tener animales de apoyo emocional.
Rosenthal tiene historial en el tema. Patrocinó proyectos de ley sobre derechos animales. Impulsó leyes que prohibieron la extirpación de garras y la venta comercial de perros, gatos y conejos.
Heastie contó que conoció a un goldendoodle mientras hacía campaña para Kamala Harris en Arizona. Poco después encontró a Paisley. «Ella es maravillosa», dijo.
Confirmado. En desarrollo.
El episodio ilustra una constante del aparato estatal: las reglas existen para todos, salvo para quienes las administran. La Oficina de Servicios Generales publicó su comunicado; los legisladores lo ignoraron. Nadie rindió cuentas. El contribuyente neoyorquino financia el Capitolio; las normas que lo rigen merecen el mismo respeto que se exige al ciudadano común.



