ESTADOS UNIDOS (Pulso) — La FDA identificó dos muestras positivas de Cyclospora en áreas ligadas al cultivo y procesamiento de lechuga iceberg en el centro de México.
La investigación cerrada por la agencia relacionó el brote con lechuga iceberg rallada retirada del mercado y suministrada por Taylor Farms de México a restaurantes de Taco Bell, según ABC News.
Los CDC contabilizaron 12.883 casos de ciclosporiasis asociados al brote. La cifra incluye pacientes de 21 estados de Estados Unidos que habían consumido la lechuga retirada.
El impacto sanitario también incluyó 570 hospitalizaciones y la muerte de dos personas en Míchigan. Las autoridades recibieron miles de notificaciones adicionales, aunque no en todos los casos pudieron vincular la enfermedad con los alimentos retirados.
Durante inspecciones en instalaciones de Taylor Farms de México, la FDA tomó muestras ambientales. Dos dieron positivo para el parásito Cyclospora. Una salió de un tanque con aguas residuales evacuadas desde una planta de procesamiento. La otra se tomó en una zanja de drenaje de un productor independiente.
La FDA aclaró que los resultados no permiten establecer de forma definitiva cómo se produjo la contaminación. Aun así, dijo que las muestras positivas respaldan el vínculo entre la enfermedad y la lechuga iceberg rallada retirada del mercado.
La investigación comenzó a mediados de julio. Entonces, la FDA y los CDC revisaban un brote multiestatal causado por Cyclospora. En ese momento, las pesquisas apuntaron a la lechuga iceberg rallada servida en algunos locales de Taco Bell.
Taylor Farms de México emitió un retiro voluntario. Taco Bell comunicó después que dejó de usar lechuga suministrada por Taylor Farms de México en todos sus restaurantes.
La planta ubicada en el centro de México sigue cerrada, según Taylor Fresh Foods. La empresa también dijo que el productor independiente ya no forma parte de su programa de proveedores.
El caso deja una señal incómoda para la cadena alimentaria. Cuando falla el control sanitario, el costo lo pagan los consumidores y el aparato regulador llega tarde. La inocuidad no puede depender de correcciones después del daño.
También vuelve a quedar bajo lupa la trazabilidad de los alimentos que cruzan fronteras. Un sistema serio debe proteger a las familias y premiar a quien cumple, no cargar sobre el público el precio del desorden.



