MEXICO (Pulso) — El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, anticipó acuerdos provisionales en la revisión del T-MEC antes de que cierre 2026. Lo confirmó ante el Comité de Finanzas del Senado, previo a su viaje a Ciudad de México para la tercera ronda de negociaciones bilaterales.
«Esperaría que hacia finales de este año tuviéramos algunos arreglos provisionales, o al menos un entendimiento sobre algunos temas», declaró Greer. Añadió que «algunos de los asuntos más difíciles probablemente se extiendan hasta el próximo año».
El objetivo inmediato, según el funcionario, es llegar a finales de 2026 con «al menos opciones» presentables al presidente Trump y a los líderes de México y Canadá.
Los capítulos más complejos quedan abiertos. Reglas de origen, disposiciones laborales y compromisos ambientales continuarán negociándose en 2027, en coordinación con el Congreso estadounidense. Washington busca endurecer las reglas de origen para garantizar que los beneficios del tratado favorezcan la producción en Norteamérica. «Queremos asegurarnos de que las reglas de origen sean muy fuertes para incentivar la producción en Norteamérica y no en otras regiones con exceso de capacidad o prácticas ajenas al mercado», explicó Greer.
Roberto Zapata, exnegociador comercial y socio senior de Ansley Consultores Internacionales, advirtió que extender la discusión más allá de 2026 tiene costos concretos. «Trazar un horizonte post 2026 no contribuye a despejar la incertidumbre para las decisiones de inversión», señaló. Agregó que posponer las reglas de origen «golpearía más a sectores como autos y acero».
Daniel Covarrubias, investigador de la Texas A&M International University, fue directo: «Un arreglo provisional suena a avance, pero en la práctica es incertidumbre administrada».
Para Francisco Peña-Valdés, secretario general de la Asociación de Empresarios Mexicanos en EE.UU., el retraso responde menos a complejidad técnica que al calendario político estadounidense.
En desarrollo.
Lectura editorial. La negociación a dos velocidades que plantea Greer es, en el fondo, un diferimiento del riesgo. Los acuerdos provisionales alivian la presión política inmediata, pero dejan a las empresas —especialmente en automotriz y acero— sin certeza sobre las reglas que de verdad mueven la inversión. El libre mercado requiere horizonte claro; la burocracia trilateral entrega incertidumbre administrada. Mientras el aparato político dilata, el costo lo absorbe el sector productivo.



