ARGENTINA (Pulso) — El Pachón vuelve a la agenda. Glencore reactivó su proyecto de cobre y molibdeno en San Juan, Argentina, tras décadas de anuncios sin resultado.
El yacimiento está en Calingasta, entre 3.600 y 4.200 metros de altitud. Queda a cinco kilómetros del límite con Chile, vecino directo de Los Pelambres (Antofagasta Minerals).
Los recursos estimados alcanzan 6.000 millones de toneladas de mineral. La ley promedio es 0,43% de cobre, 2,2 g/t de plata y 130 g/t de molibdeno.
La inversión requerida ronda los US$9.500 millones. Solo Distrito Vicuña, con US$18.000 millones, la supera en Argentina. En operación, El Pachón podría producir 360.000 toneladas anuales de cobre en concentrado durante sus primeros diez años.
En construcción generaría más de 10.000 empleos directos. En operación, más de 2.500.
El detonante fue la adhesión al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) de Milei. En agosto de 2024, el ministro Luis Caputo confirmó la solicitud formal de Glencore. Desde entonces, la empresa contrató profesionales seniors y avanzó en el estudio de factibilidad.
Esta campaña 2025-26 cerró el 8 de julio. Se perforaron 21.246 metros en 53 pozos. Más de 600 personas de comunidades vecinas trabajaron en el pico de actividad. El equipo de geólogos sumó 60 profesionales.
En infraestructura, Glencore invirtió US$15 millones en puentes sobre los ríos Colorado y Los Patos. También amplió campamentos con 30 módulos nuevos.
Paralelo a esto, Chile y Argentina reactivaron el tratado minero bilateral de 1997 en la XIX Reunión Ordinaria celebrada en Buenos Aires. Los gobiernos hablaron de proyectos limítrofes por US$20.700 millones.
«Esta vez todo lo que tenemos que hacer para que pase, está pasando», afirmó Martín Pérez de Solay, CEO de Glencore Argentina, según recogieron medios locales.
El caso El Pachón ilustra con precisión qué hace la diferencia: un marco regulatorio que respeta la inversión privada. El RIGI —con sus beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios— convirtió un proyecto de treinta años en papel en un plan con taladros, puentes y contratos reales. El libre mercado no necesita fe; necesita reglas estables y Estado que se quite del camino. Argentina, por ahora, parece haberlo entendido.



