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FIFA cobra, países pagan: el negocio del Mundial que rara vez cierra en verde para los anfitriones

Las últimas cinco ediciones muestran que el retorno financiero directo suele ser menor que la inversión. El Mundial 2026 apuesta por infraestructura ya existente, pero las reservas hoteleras ya envían señales de alerta.
Imagen ilustrativa
jueves 9 de julio de 2026 · 21:01 UTC

El patrón se repite. Cada Copa del Mundo exige inversiones multimillonarias en estadios, seguridad y transporte. Los beneficios, en cambio, suelen ser más intangibles que contables.

Lo que gastaron los últimos anfitriones

Alemania 2006 invirtió cerca de 4.300 millones de dólares. Fue el caso más exitoso: la infraestructura ya existía y el turismo respondió.

Sudáfrica 2010 destinó alrededor de 3.600 millones. Varios estadios quedaron sin uso. El mantenimiento continúa costando a las autoridades locales.

Brasil 2014 apostó cerca de 15.000 millones de dólares. Estudios estimaron pérdidas cercanas a 240 millones al comparar costos directos con el retorno obtenido.

Rusia 2018 invirtió cerca de 11.600 millones. Algunos análisis calculan beneficios directos próximos a 250 millones, impulsados por turismo e infraestructura reutilizada.

Qatar 2022 es el caso extremo. Según ESPN, la inversión rondó los 220.000 millones de dólares. La mayor parte financió una transformación nacional, no solo el torneo.

2026: menos gasto público, más dudas

Estados Unidos aprovechó estadios de la NFL ya existentes. Washington destinó alrededor de 1.200 millones de dólares: más de la mitad a seguridad, cerca de 500 millones a prevención de ataques con drones y unos 100 millones a transporte.

Un informe conjunto de la FIFA y la OCDE proyecta 41.000 millones de dólares de aporte al PIB combinado de los tres países anfitriones, 824.000 empleos y más de 9.400 millones en ingresos por impuestos indirectos. Economistas calificaron esas cifras de exageradas y poco creíbles.

La Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos advirtió, antes del inicio, que cerca del 80% de los hoteles en las once ciudades sede registraban reservas inferiores a las previstas. Tensiones políticas y dificultades para obtener visas figuran entre los factores señalados.

Lectura editorial

El modelo FIFA es claro: el organismo captura ingresos globales mientras los Estados asumen el riesgo. Que Washington haya optado por infraestructura privada ya existente es una decisión inteligente desde la óptica del contribuyente. Pero las señales del mercado hotelero recuerdan una verdad incómoda: las proyecciones oficiales de retorno económico casi nunca se cumplen. El libre mercado ya está enviando su veredicto, antes de que el árbitro pite el final.

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