Confirmado. Una etapa superior de un cohete Falcon 9 chocará contra la Luna el próximo 5 de agosto.
El remanente proviene del lanzamiento del 15 de enero de 2025. Ese vuelo transportó el módulo lunar Blue Ghost-1, de Firefly, y también el módulo Resilience, de la compañía japonesa ispace, dentro de la misión Hakuto-R Mission 2.
El impacto está previsto cerca de los cráteres Einstein y Bell, en el limbo occidental de la Luna. Según un estudio internacional publicado en el servidor de acceso abierto arXiv, la pluma de eyección podría ser visible desde instrumentos terrestres y espaciales.
William Jo, asistente de investigación de posgrado en la Universidad de Texas en Austin, modeló el evento mediante simulaciones físicas. Sus cálculos indican que el pico central de la pluma alcanzaría entre 75 y 100 kilómetros de altitud. «Nuestros cálculos sugieren que la pluma debería ser varios órdenes de magnitud más brillante que el fondo del cielo oscuro durante los primeros minutos después del impacto», señaló Jo. Aclaró que se trata de un modelo optimista y que el evento real podría lucir distinto.
Benjamin Fernando, del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, lideró otra investigación paralela. Su equipo calificó el destello y la pluma como «potencialmente observables», aunque advirtió que la magnitud visual «está imprecisamente predicha en la actualidad».
El alcance balístico máximo de las partículas resultantes es de casi 1.000 kilómetros. Ese radio representa un riesgo potencial para gran parte de la superficie lunar, según el estudio.
Brent Garry, científico del Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA, confirmó que la sonda sobrevolará el sitio proyectado siete días antes y siete días después del impacto.
Jo subrayó que el verdadero valor científico está en la eyección prolongada, no en el destello inicial. Advirtió que la mayoría de los observadores podrían perderse «la parte que realmente debería ser visible».
El evento abre una ventana poco frecuente. La libre empresa espacial —SpaceX, Firefly, ispace— genera de forma involuntaria un laboratorio natural. Los datos calibrarán modelos de impacto para futuras misiones lunares tripuladas. La ciencia avanza donde el mercado ya opera.



