EL SALVADOR (Pulso) — El Departamento de Estado de Estados Unidos actualizó el 25 de junio de 2026 su clasificación de viaje para El Salvador. Le asignó Nivel 1: «Ejercer precauciones normales». Es la categoría de menor riesgo del sistema.
Suecia, en cambio, figura en Nivel 2: «Ejercer mayor precaución». La actualización para el país nórdico lleva fecha del 2 de julio de 2026. La razón citada: preocupaciones vinculadas al terrorismo islámico.
El resultado es concreto. Washington recomienda hoy menos precaución para viajar a El Salvador que para viajar a Suecia.
El giro salvadoreño tiene nombre y política. El gobierno del presidente Bukele lanzó desde 2022 una ofensiva contra pandillas y crimen organizado. Incluyó régimen de excepción, operativos policiales y militares, y detenciones masivas.
Según datos del gobierno salvadoreño recogidos por Reuters, la tasa de homicidios cayó de 7,8 por cada 100.000 habitantes en 2022 a aproximadamente 1,3 en 2025.
En abril de 2026, las autoridades salvadoreñas realizaron un juicio colectivo contra 486 presuntos miembros de pandillas. Fue uno de los procesos más numerosos bajo la política de seguridad de Bukele.
El contraste histórico es notable. El Salvador fue durante años uno de los países más violentos del mundo. Suecia era sinónimo de seguridad y bienestar.
Los números del Departamento de Estado invierten ese relato.
Lectura de la casa. Los resultados en El Salvador son difíciles de ignorar. Una tasa de homicidios de 1,3 por 100.000 y una clasificación Nivel 1 de Washington son datos, no propaganda. El modelo Bukele —orden, fuerza del Estado, tolerancia cero con el crimen organizado— produce consecuencias medibles en la vida de los ciudadanos. Mientras tanto, Suecia paga el costo de décadas de política migratoria sin control. La lección es incómoda para el progresismo europeo: el orden público no es un lujo conservador. Es la base de cualquier libertad real.


